Acabo de regresar de mi viaje por los páramos helados conocidos como las Tierras del terror, antaño un lugar hermoso que fue para siempre cicatrizado por una gran calamidad. Ahora solo quedan ciudades en ruinas y paisajes inhóspitos, sin lugar para nada con vida. Me dirigía al pueblo de Bronn para pasar la noche, pero al llegar, me encontré con una escena de devastación como nunca antes había presenciado. Debí haber escapado al percibir el primer síntoma de peligro, pero mi curiosidad me obligó a seguir caminando. La mayoría de las construcciones del pueblo habían sido reducidas a cenizas, quedando solo algunos chamuscados troncos en su lugar original. Las cenizas me asfixiaron. Había cuerpos desparramados por todas partes, muchos de ellos desmembrados y medio consumidos. Era un pueblo fantasma.
O eso creía yo.
Desde el interior de la posada, uno de los pocos edificios aún en pie, salieron criaturas monstruosas de piel grisácea, berreando en algún idioma infernal. Eran masas deformes de carne, de nervudos músculos diseñados para el combate. Paralizado por el terror, no pude hacer más que ver como se acercaban a mí cada vez más. El primero de ellos me agarró por el cuello de la capa y me levanto del suelo, mientras sus zarpas me desgarraban carne y tela. Con su aliento en mi cara percibí el olor a carne podrida que salía de su boca. Cuando abrió su boca pude ver varias filas de afilados dientes amarillos, enrojecidos por sangre. Sólo pude pensar en la pena que me daba que mi voz se fuese a silenciar para siempre, sin poder volveros a describir las maravillas del mundo a vosotros mis leales lectores.
Un agudo susurro pasó cerca de mi oreja y el virote de una ballesta quedó incrustado en el ojo de la bestia que me sostenía, salpicando gran cantidad de sangre hirviendo por mi cara. Su alarido de dolor fue inhumano, dejándome caer al suelo. Las otras criaturas comenzaron a buscar al oculto atacante, olvidándose de mí por un instante. Desde el suelo giré la cabeza para ver de dónde provenía el virote.
Fue entonces cuando vi por primera vez al cazador de demonios.
Una chica muy joven, no más de veinte años. Surgió de las sombras creadas por la puesta de sol, y no perdió el tiempo en despachar al resto de criaturas allí presentes. Empuñaba dos ballestas gemelas que crearon un arco iluminado de ardientes virotes sobre mi cabeza. Cada disparo alcanzó a una de las bestias, derribándolas a todas. Con el rabillo del ojo pude percibir cómo más de estas oscuras criaturas le tendían una emboscada a sus espaldas. Mi voz congelada no logró soltar un grito de aviso, ni falta que hizo... ella sabía bien lo que se le acercaba por detrás. La cazadora echó la mano al cinturón dejando caer unas extrañas esferas metálicas en el camino de las bestias. Estas esferas explotaron dando lugar a un festival de luces y llamas que dejó a las criaturas atontadas el suficiente tiempo como para incrustarle un virote a cada una de ellas, despachándolas de dos en dos.
Echó un último vistazo al pueblo para asegurarse de haber eliminado todas las amenazas, entonces comenzó a caminar hacia mí con cara de tristeza y disintiendo con la cabeza. Su mirada reflejaba verdadera decepción, guardando las ballestas bajo su capa.
"No hay supervivientes", dijo con voz amarga.
Se hacen llamar los cazadores de demonios, un grupo de combatientes fanáticos destinados a un solo propósito: la destrucción de toda criatura proveniente de los Infiernos Abrasadores. Hay cientos de cazadores de demonios con hogar en las Tierras del terror, ya que ahí pueden vivir y entrenar sin la interferencia de cualquier nación preocupada por tener cerca a semejante grupo de temibles personas (aunque al menos la mitad de ellos siempre se encuentran dispersos por el mundo, como esta chica, en búsqueda de demonios a los que masacrar). Hay algo dentro de todos los cazadores de demonios que les otorga fuerza para resistir la corrupción demoníaca que volvería loco a cualquier otro hombre menos capaz. Estos cazadores perfeccionan su combate, ya que su resistencia a la corrupción les permite emplear los poderes del demonio como arma. Pero su misión y sus poderes no son lo único que les une.
Esa misma noche la chica me contó la historia de su vida; cómo de niña presenció una invasión demoníaca en su pueblo que destruyó su hogar, redujo a cenizas todo su pueblo, matando a todos sus amigos y arrebatándole todo lo que jamás había amado. Hubiese muerto como los demás de no haber huido, ocultándose de las criaturas durante días, hasta que la encontró un cazador de demonios que reconoció su potencial y la adoptó como uno más de su clase. Todos y cada uno de los cazadores de demonios, me contaba, tiene una historia similar a la suya.
Son supervivientes, en búsqueda de venganza. |
Aquellos que se hacen llamar cazadores de demonios no son ni un pueblo ni una nación. No han jurado lealtad a ningún rey. No son más que un vestigio, un eco, de personas que lo perdieron todo ante el terror. Cuando los demonios prendieron fuego a sus hogares y masacraron a sus familias, la mayoría de los refugiados traumatizados renunciaron a la vida... pero algunos enterraron a sus muertos, se organizaron y juraron venganza.
Aunque son escasos en número, los cazadores tienden emboscadas a los demonios con la convicción de que si salvan una sola vida, el mundo será un lugar mejor. Tras un largo día de caza, muchos de ellos aún experimentan pesadillas en las que reviven los horrores que tienen en común: garras que desgarran miembros, hombres y mujeres que se ahogan en su propia sangre...
A veces los cazadores de demonios también presencian estas cosas cuando están despiertos. Pero ahora por fin tienen la posibilidad de contraatacar.
No se atreven a soñar con la victoria, ni mucho menos con la paz. Pero siguen cazando. Es lo único que les queda.
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Armas a distancia
Los cazadores de demonios hacen que lluevan flechas o proyectiles sobre el campo de batalla o se dedican a liquidar a los enemigos distantes con una precisión que los demás héroes no pueden ni imaginar. En su arsenal se cuentan arcos largos, granadas, armas arrojadizas e incluso ballestas de dos manos.
Magia sombría
Con tal de luchar contra las fuerzas de los Infiernos Abrasadores con más ventaja, los cazadores de demonios se valen de la magia apócrifa. Son capaces de ocultarse en la oscuridad, frustrar los ataques enemigos y deslizarse entre las sombras para acechar a su presa.
Trampas
Cuando siguen el rastro de manadas de demonios o de horrores gigantes mucho más fuertes que ellos, los cazadores avezados se preparan con antelación. Atraen a sus enemigos hacia minas, abrojos o trampas de cuchillas para asegurarse una victoria fácil e infalible.
Tácticas de batalla
Todos los cazadores de demonios sufren el trauma y el dolor del pasado; a pesar del destino que han elegido, no quieren volver a experimentarlos. Por eso mantienen a raya a sus enemigos con flechas incapacitantes o los ralentizan con boleadoras; cuando se acercan demasiado, lanzan bombas de humo para escapar.
Objetos únicos
Los cazadores de demonios están adiestrados para hacer frente a la oscuridad con una combinación poco corriente de estilos de lucha y armamento que solo ellos dominan. Son maestros de la ballesta de mano, un arma a distancia de recarga rápida capaz de coser a los demonios a flechazos en un abrir y cerrar de ojos. Los cazadores de demonios manejan las ballestas de mano con tanta pericia que son capaces de llevar una en cada mano, lo que duplica la cantidad de flechas que disparan y por lo tanto la cantidad de demonios que caen. |